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Ya no valen excusas … sólo el ejemplo

15/02/13. Leer en los últimos meses noticias relacionadas con política no deja de ser sinónimo de leer noticias relacionadas con corrupción y por eso la asociación de ideas se está convirtiendo en inmediata. Hemos pasado de hablar del riesgo atómico que suponían en el último año y para la mayoría, los consejos de ministros de los viernes o de cómo despertarían los lunes la Prima de riesgo y el IBEX, a no parar de hablar de la corrupción en los círculos del poder.

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Sin duda, la bomba del "caso Bárcenas”, una presumible pata del "banco GÜRTEL" sacude con fuerza las migas del mantel, y esas migas están manchando ya a las instituciones más altas.

La duda se ha instalado ya en una ciudadanía, que desde la llegada de la democracia ha ido reduciendo poco a poco la credibilidad a los políticos y ha ido perdiendo la confianza en instituciones y organizaciones que son percibidas la mayoría de las veces como generadoras de problemas en vez de cómo fuente de soluciones.

La lista de instituciones y organizaciones “marcadas” en este momento es tenebrosa: la jefatura del estado, los gobiernos, los partidos políticos, los principales dirigentes de las organizaciones de empresarios, la Iglesia mayoritaria, la prensa, sí, la prensa…Pero lo peor no es la interminable lista que agrede con sólo leerla, que duele a cualquier persona, que desespera e indigna.

En este momento, lo peor es la actitud de los que están en ella. Duelen la negación de las evidencias, la justificación infantil cuando les pillan, las trampas descubiertas, las mentiras de patas cortas…Viven, sin duda, no pensando en cómo mejorar nuestras vidas, sino pensando escapatorias para que no les descubran nuevas fechorías, preparando la estrategia mediática más eficiente si acaso les descubren, en definitiva, viven y se nutren de sobrevivir y así no queda casi tiempo para nada. 

Es lamentable, ver cómo a los que pillaron ayer son reprendidos por los que serán pillados mañana, y cómo los que serán pillados mañana, serán reprendidos, con las mismas fórmulas por aquellos a quienes pillaron hoy, todo en un bucle interminable.

Hoy, la política nos recuerda, a aquellas escenas de película en las que dos acusados por el mismo delito, culpables los dos obviamente, se acusan entre si ante el jurado para desacreditar al otro y así salvar la propia piel. En las películas antiguas, evidentemente los dos habrían sido condenados de manera “ejemplar” y el público satisfecho. Hoy está más de moda que al final se salven los dos o mejor aún, que no sepamos ya nunca como quedó la cosa. El cine va con los tiempos y ahora toca desesperanza, incertidumbre, duda,..

Oímos decir a mucha gente: “es inaceptable que esos mismos que nos piden sacrificios y nos recortan salarios, derechos, nos despiden o nos desahucian de nuestras casas, a la vez, nos estén robando”.

Esto muchas veces es amplificado por el partido u organización que no está en ese momento en el ojo del huracán. ¿Sería más aceptable que nos robasen, siempre y cuando, nos dejasen en paz? Si lanzamos esa pregunta muchos dudan aunque con esfuerzo, cada vez más personas responden que no.

Por eso, no podemos permitir, al menos desde la izquierda, que nuestras organizaciones se limiten, durante los paréntesis en los que los focos cambian de escenario y salen de la pantalla de la corrupción, en la que también cayeron, a vociferar contra el adversario, hoy de barro hasta las cejas, como si “la cosa no fuera con ellos” y con el único objetivo de arañarlo electoralmente. La única forma de mejorar la credibilidad, generar confianza y regenerar la política, es con la sinceridad y el Ejemplo, quitándose el maquillaje y haciéndose transparente a las gentes de fuera y a las de dentro. 

Para ello se debe incluir a los partidos y organizaciones sindicales y empresariales, a la Iglesia Católica y a la Casa Real en la ley de Transparencia, se debe modificar la ley electoral aminorando el gasto permitido de las campañas, debemos fortalecer la Justicia, dotándola de más y mejores herramientas e independencia real, para ser eficaces y rápidos con las personas que maltratan lo público. Para esto, debiéramos contar con un gran pacto por el que todos se comprometan a ser intransigentes con los corruptos sean o no de la propia organización y no cómplices. 

Mientras la ciudadanía no vea la acción en esa línea no nos valdrán las promesas, ya no, ni las excusas, ni el ataque al adversario como técnica de distracción, ya no…sólo el ejemplo.

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