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Problemas con el inglés.

10/09/13. El autor de este articulo es David Torres que se autodefine así: ¨Fui cobrador de recibos y librero antes de comprender, como me advirtiera mi padre, que la de proletario es una carrera demasiado difícil. Entonces me dediqué a esto de la escritura, al periodismo y a dar clases de literatura en Hotel Kafka. Las novelas son todas hijas mías pero del periodismo tuvo la culpa Manu Leguineche, que en 1999 leyó mi primer libro, Nanga Parbat, y cometió la temeridad de reclutarme en su agencia Faxpress. Luego pasé brevemente por el ABC de Madrid, colaboré en El País Semanal y en diversas revistas, hasta que en el 2004 inicié mi andadura en El Mundo, donde aprendí que el columnismo es un oficio caducifolio que consiste en irritar a todo el personal, incluido yo mismo. Siempre he pensado que una novela es como un matrimonio más o menos largo mientras que una columna es un lío de una noche. Fui finalista del premio Nadal en 2003 con El gran silencio y he ganado también el Hammett de la Semana Negra de Gijón y el Tigre Juan por Niños de tiza, así como el premio Logroño por Punto de fisión, de donde toma su título esta trinchera. Como se ve, con mis novelas he hecho lectores y amigos, y con mis columnas más bien al contrario. Pero está bien así, porque siempre he pensado que un escritor ha de luchar contra el poder, sea del signo que sea, aunque la señal de su triunfo resulte tan minúscula como una picadura de mosquito en el culo de un elefante¨.

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Por poder, podemos echarle la culpa a Zapatero pero, la verdad, está difícil. Me da en la nariz que algo tuvo que ver el inglés en todo esto. Oir las primeras palabras de Ana Botella en el idioma de Shakespeare y percibir que la habíamos cagado fue todo uno. Yo soy uno de esos negados recalcitrantes que necesitan subtítulos incluso para las primeras canciones de los Beatles, por eso empezó a preocuparme que con Anita Bottle me fuese enterando de casi todo. Tal y como hablaba Anita, hasta me habría dado tiempo a ir pegando los subtítulos con cartulina en el televisor. Algunos periodistas afectos aseguraron luego que el inglés de Ana Botella era fluido y no les faltaba razón. Al menos tuvieron el detalle de no especificar a qué fluido se referían.

Nadie sabe por qué se empecinó esta buena mujer en hablar inglés sin tener la menor idea y pululando en la sala tantos traductores simultáneos esperando ganarse el pan. A lo mejor pretendía equilibrar las listas del INEM entre Buenos Aires y Madrid. Sin embargo, sospecho que el impulso políglota de Ana Botella es el mismo que empuja a cualquier madrileño a liarla parda en cuanto un extranjero le pregunta a traición por el Museo del Prado. Hace unos días, un japonés recién desembarcado en la capital me preguntó en un castellano bastante aceptable dónde estaba la Plaza Mayor y mi respuesta no difirió mucho, ni en claridad ni en extensión, de la perorata de Ana Botella, sólo que yo nunca me hubiera atrevido a sugerirle que se tomara “a relaxing cup of café con leche”, por lo que pudiera pasar. Para sugerir esta clase de cosas hay que haber estudiado inglés avanzado con Aznar y a mí el my tailor is rich se me atragantó desde la EGB. Vi al japonés dirigirse impertérrito hacia la estación de Atocha, aunque también es posible que fuese a coger un taxi para regresar al aeropuerto, volar a Buenos Aires y quejarse ante el COI.

En cualquier caso –ya lo advertí el viernes- lo importante no es ganar sino participar. Hemos contribuido por tercera vez consecutiva a engordar las arcas del cómite olímpico, gente buena y necesitada que empleará la limosna de nuestros cien millones de euros en mariscadas y putiferios en vez de despilfarrarlo en hospitales y colegios como habría hecho un político insensato y poco sensible a las texturas de la política internacional. Además la señora de Aznar cuenta con otros cuatro años para perfeccionar el acento de Georgetown bajo la supervisión de su marido y con la ayuda de los videos del Caudillo, que hablaba inglés legionario en la intimidad. En el avión de vuelta, también pagado a escote por madrileños y españoles, nuestra delegación de genios, glorias, principito y alcaldesa todavía estará elucubrando en qué habrán podido fallar. A lo mejor aún no han caído en la cuenta de que no era muy buena idea iniciar un conflicto veraniego con Gran Bretaña por Gibraltar cuando buena parte de los países del COI son de influencia anglosajona. El problema, no sé si lo he dicho antes, es el inglés.

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