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12/7/12. Cuatrocientos kilómetros a pie para defender el porvenir de sus hijos merece una explicación convincente por parte de un Gobierno de la Nación, más pendiente de los recortes y el empobrecimiento del país, del futuro de un ministro incompetente y de su dependencia de los mercados internacionales.

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"Yo te escarbaré, tierra, hasta hacerte sangre, quiero saber si sabes llorar…", suena de fondo mientras escribo, el Canto Minero de Lluis Llach y trato, vanamente, de dejar volar mi imaginación más allá de la razón que les trae.
 
El hecho de que desde hace decenios el carbón español, víctima de la competencia internacional, tenga serios problemas de subsistencia, exige de todos los gobiernos la inteligencia suficiente, que no tuvieron, para ir sustituyendo el porvenir de unas comarcas por un plan de desarrollo digno y sensato.
 
Sobre todo en un momento en el que debemos evitar despidos, frenar la sangría de desempleados que tiene anclada a la nación en el círculo vicioso de la depresión. Enviar a un trabajador al desempleo supone que otro vaya tras él víctima de la caída de la demanda. Imagínense llevar al desempleo a ocho mil mineros que es la población total del sector y cuyos puestos de trabajo penden de un hilo.
 
Por eso hay que evitar la excentricidad de cortar súbitamente las ayudas dado que, por muy artificiales que parezcan, ni es la alternativa, ni es el momento. La Unión Europea prohibió en 2010 las ayudas al carbón a partir de 2014, sin embargo, vista la situación de la coyuntura y la falta de alternativa a los empleos, permitió mantener dichas ayudas hasta 2018.
 
La racionalidad que tuvo la UE es la que le ha faltado al gobierno más conservador de la historia reciente de España. Un escaso ahorro, proporcionalmente al tamaño del Presupuesto, que reduce de las subvenciones de 301 a 111 millones de euros, cuyo daño es mayor del que se preveía.
 
Esos 190 millones de euros llevan al cierre a las minas de Asturias y León, Palencia y Aragón, Castilla-La Mancha, y de todos aquellos lugares de donde se extrae el carbón de esta península. Ocho mil mineros ven peligrar en 47 explotaciones y el futuro de sus hogares.
 
Ha servido la marcha para ver de nuevo a la más rancia derecha criticar a los mineros por las jubilaciones merecidas y las prejubilaciones indeseadas. Sirve para ver a los conservadores hacer superficiales análisis de comercio internacional, sin tener en cuenta el efecto, humano y económico, que supone enviar al desempleo a tantas familias.
 
Las cuencas mineras, de una vez por todas, merecen una alternativa al cierre. El porvenir de los hijos de la mina necesita saber qué futuro les depara. Lo decíamos ayer, previniendo que algún día llegaría un gobierno sin escrúpulos que en el peor momento les indicara el camino de la puerta, la subida definitiva de la galería.
 
Mientras tanto, yo te escarbaré, tierra, hasta hacerte sangre, quiero saber si sabes llorar.
 

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