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`En el siglo XXI la salud es una cuestión de clase´

28/09/2009. Así se expresó el científico Vicente Navarro, invitado en las Jornadas sobre Sanidad Pública que debaten estos días: “Salud y crisis global”. El panorama es desalentador. La privatización de la sanidad se cuela por todos los rincones del planeta. No es una cuestión Norte / Sur, sino de “desigualdad social y ésta se encuentra en todas partes”, dijo Navarro. Los ricos tendrán larga vida ¿Y el resto?

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La crisis azota a todas las esferas de la sociedad. Este viernes en Pittsburgh, el G-20 se reúne para resolver la tragedia económica. Mientras, en Madrid se celebran las XXVIII Jornadas sobre Sanidad Pública en las que debaten otra tragedia: “Salud y Crisis Global”.

A la crisis económica, alimentaria y climática, también se une la crisis sanitaria mundial. La desigualdad social es la principal causa y consecuencia del debacle social de principios del siglo XXI.

El catedrático de la Pompeu Fabra y profesor de la John Hopkins University, Vicente Navarro, abrió su conferencia señalando que las “tres décadas de neoliberalismo son las causantes de la destrucción de los servicios públicos”.

Los ejemplos que ofrece el catedrático y que se pueden leer en el informe mundial Subsanar las desigualdades en una generación elaborado por la OMS, son estremecedores. “Una niña que nace en Suecia vivirá 42 años más que una niña que nace en Sierra Leona”. “Un obrero de Glasgow no cualificado tendrá una esperanza de vida 28 años menor que un hombre de negocios con unos ingresos en el peldaño superior de la escala de ingresos de Escocia”. “En Baltimore un joven negro desempleado vivirá 32 años menos que un abogado blanco de un gran bufete”.

Estos datos, según el catedrático, revelan que la salud “está íntimamente vinculada con un problema de clase”. Para Navarro hay que recuperar el término ‘clase’ ya que según él, las desigualdades de este tipo “tienen efectos aún más negativos” que las de raza o de género.

SISTEMA PÚBLICO VERSUS PIRVADO

Los expertos reunidos en las jornadas coincidían en poner nombre al culpable de la crisis sanitaria: el neoliberalismo. Médicos latinoamericanos, norteamericanos y europeos mostraban los paralelismos entre sus respectivos sistemas sanitarios. Todos tienen el mismo denominador común: “Privatización del servicio público”.

En el caso del Reino Unido, el doctor Colin Leys, explicaba cómo en los 80 los hospitales británicos empezaron a ser gestionados por empresas, en los 90 apareció el mercado interno y en el 2000 ya era un mercado abierto. “Los hospitales recibían dinero en función de los paquetes médicos que ofrecían a los pacientes, cuántos más vendieran más prepuesto les daban”, cuenta Leys indignado.

El científico alemán, Ulrich Deppe, mostraba un panorama igual de desalentador. “En Alemania el 80% del gasto de sanidad sólo lo reciben el 20% de los asegurados. Los derechos de los pacientes no están protegidos y los hospitales deciden qué enfermos les conviene más atender”.

La salud ha pasado a ser un bien de consumo como cualquier otro y los servicios sanitarios públicos no le pueden poner remedio: “Los médicos y el personal hospitalario están con las manos atadas porque a pesar de ser públicos les ponen una presión como la de las empresas privadas”, aseguraba el alemán.

Esta situación tiene su origen a finales de los 70, cuando en algunos países europeos comenzaron a vender sus hospitales. Después se inició otra modalidad (la más habitual en la Comunidad de Madrid) que consiste en que los centros sanitarios vendan determinados servicios a subcontratas, una semiprivatización. “Estas nuevas características del sistema sanitario han supuesto que haya menos personal, que esté menos cualificado y por lo tanto que haya mucha menos calidad asistencial”, decía Colin Leys.

Uldrich Deppe define al sistema público como democrático, no lucrativo y en el que sus beneficios se orientan a las necesidades médicas de los pacientes. Mientras, el privado es una empresa en la que se exigen beneficios económicos en poco tiempo y que trae “situaciones conflictivas donde se enfrenta la racionalidad empresarial con las normas sociales y los derechos humanos”.

Los únicos afectados no son los pacientes. En el campo de la investigación médica los científicos también sufren los zarpazos de las empresas. Según Deppe, un estudio elaborado el año pasado desveló que la mayoría de los investigadores (no ofreció el dato preciso) manipulaban sus datos debido a la presión de sus sponsors: “Las farmacéuticas quieren resultados inmediatos si no te sacan la investigación y esta es otra de las consecuencias negativas de privatizar el ámbito sanitario”, denunciaba el doctor.

LA SANIDAD DE LOS POBRES

Como en toda crisis, el sector más pobre y desprotegido de la sociedad es que el que se queda sin ayudas ni prestaciones. “Por desgracia nos hemos acostumbrado a pagar un seguro privado”, decía Colin Leys. Sin embargo aquellos que no lo tienen y viven en países en la que la sanidad pública es casi un pretexto poco tienen que hacer.

Para ello no hay que irse muy lejos. El ejemplo más cercano lo tenemos en Reino Unido, el país con el mayor índice de desigualdad de Europa y también uno de los que recoge las cifras más altas de desempleo. “Los millones de parados que ha provocado la crisis económica son los que se van a encontrar con más problemas para acceder a un sistema de salud que les atienda”, decía Leys.

El doctor británico daba unos datos como poco preocupantes: “La mitad de los pobres en Reino Unido no llegan a recibir un diagnóstico de sus enfermedades, la mitad que lo recibe no llega a tener tratamiento, y la mitad que tiene tratamiento muere”.

Si miramos al otro lado del océano el mejor ejemplo de desigualdad lo tenemos en Estados Unidos, a quien le sigue Brasil. “Los que tienen dinero pueden llegar ser sanos, los que no, están condenados a morirse”, señaló Leys.

La desigualdad es la verdadera pandemia de la crisis sanitaria. El catedrático Vicente Navarro no tiene pelos en la lengua a la hora de hacer dos sentencias: “No es sólo que las desigualdades maten a las personas, sino que quienes son responsables de esas desigualdades matan a las personas. Y sabemos el nombre de tales responsables”.
 

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