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El limbo de los refugiados africanos en Israel

9/9/14. A la mayoría se les ofrece permanecer indefinidamente en los centros de detención del desierto del Neguev o regresar "voluntariamente" a sus países ya que las autoridades israelíes simplemente no procesan sus solicitudes de asilo

 
por Izquierda Independiente

Al 83% de los eritreos que han solicitado el estatuto de refugiado político en todo el mundo se les ha concedido, mientras que este porcentaje ha sido de solamente el 0,1% en Israel, según las Naciones Unidas.

Un detallado informe elaborado por Human RightsWatch (HRW) denuncia la situación de decenas de millares africanos, especialmente de Eritrea y Sudán, que están viviendo un auténtico infierno en Israel, donde se les niega el estatuto de asilo político porque se les considera un peligro para el carácter judío del Estado, según han declarado varios ministros y otras autoridades de este país.

"A los eritreos y sudaneses se les deja ante la disyuntiva de vivir en Israel con el miedo a pasar el resto de sus días encerrados en centros de detención en el desierto o a arriesgarse a la detención y los abusos en sus propios países", según Gerry Simpson, de HRW.

Israel comenzó a recibir una oleada de refugiados africanos en 2006 a causa de los excesos que cometían las autoridades de ciertos países contra ellos. Los refugiados entraban primero en Egipto y proseguían desde allí su éxodo a través del desierto del Sinaí, guiados por las mafias, para cruzar clandestinamente la frontera con Israel.

Esta vía de huida terminó hace un par de años, cuando las autoridades israelíes construyeron una valla a lo largo de la frontera con Egipto que desde entonces ha dificultado, y prácticamente acabado, con la entrada de sin papeles. Sin embargo, a día de hoy todavía quedan en Israel 37.000 eritreos y 14.000 sudaneses aproximadamente.

A la mayoría de estos africanos se les ofrece la alternativa de permanecer indefinidamente en los centros de detención del desierto del Neguev o de regresar "voluntariamente" a sus países ya que las autoridades israelíes simplemente no procesan sus solicitudes de asilo.

Esta disyuntiva puede tener consecuencias dramáticas para los refugiados. En Sudán, por ejemplo, cualquier ciudadano que haya puesto los pies en Israel puede ser condenado a hasta diez años de prisión, según la ley local.

Muchos refugiados sudaneses que han regresado a su país están encarcelados, y las autoridades sudanesas sospechan que algunos de ellos trabajan para los servicios secretos israelíes, que son muy activos en ese país. HRW ha documentado que una parte de ellos han sido torturados a su regreso a Sudán.

El año pasado el Tribunal Supremo de Israel desautorizó la política del gobierno de Benjamín Netanyahu para con los refugiados, que en Israel denominan "infiltrados", pero el ejecutivo se limitó simplemente a cambiar el nombre de esa política y a seguir aplicándola como si nada hubiera ocurrido.

"Mucha gente tiene problemas mentales a causa de internamientos prolongados", ha dicho un joven eritreo de 21 años que ha estado internado en uno de esos campos durante mucho tiempo. En estas circunstancias, es natural que una parte de los "infiltrados" opten por regresar a sus países aun a sabiendas de que allí pueden ser perseguidos.

"Las autoridades israelíes han dicho que van a hacer la vida de los \’infiltrados\’ tan miserable que se irán de Israel, y luego argumentan que se marchan por voluntad propia", asegura Simpson. "Pero la ley internacional es clara en el sentido de que cuando Israel amenaza a eritreos y sudaneses con detenciones indefinidas, no pueden elegir libremente marcharse de Israel y asumir los riesgos que encuentran en sus propios países".

Las detenciones indefinidas les fuerzan a abandonar el país puesto que les impiden llevar una vida normal. Además, las autoridades israelíes les obstaculizan el acceso al sistema de asilo y al sistema sanitario. El hecho de que el 99,9% de las peticiones de asilo sean rechazadas es elocuente.

El informe de HRW documenta las complicadas leyes israelíes que tienen por objetivo impedir que los refugiados africanos alcancen asilo. "Es un abuso transparente destruir la esperanza de la gente que busca protección y forzarles contra la pared para decir luego que están abandonando Israel de manera voluntaria", insiste Simpson.

El informe de 83 páginas titulado Vidas miserables: la coerción de Israel para que los solicitantes de asilo de Eritrea y Sudán abandonen Israel revela que unos 7.000 eritreos y sudaneses han sido expulsados de esta manera recientemente, a pesar de los riegos que para ellos implica regresar a sus países.

"Nos hemos centrado en los ‘infiltrados’ de Eritrea y Sudán porque solo ellos representan el 98,9% de todos los ‘infiltrados’ que hay en Israel", dice Simpson. "En enero pasado, cuando estábamos preparando el informe, pedimos una reunión con funcionarios del gobierno israelí, y luego les hemos hecho llegar algunas preguntas sobre esta cuestión, pero nos han respondido con un silencio total".

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