La experiencia demuestra una y otra vez que estas ampliaciones de viario sólo aumentan el problema a medio plazo. Pero, más allá de falsas promesas, nadie ha aclarado cómo se financiará una obra tan cara como ésta. Para Ecologistas en Acción la única estrategia posible para contener la insostenibilidad del transporte pasa por la moratoria en las nuevas carreteras y por la puesta en práctica de un plan de movilidad sostenible.
Una vez más, los políticos de turno nos encandilan con nuevas promesas de infraestructuras viarias para garantizar la fluidez del tráfico. Una quimera, pero tremendamente cara y destructora del medio ambiente. Lo mismo ocurrió con la construcción de la M-40, con la M-45, con las radiales, con la ampliación de la M-30… Siempre la promesa de que se solucionarían los atascos, pero con una realidad terca demostrando día a día que no es así.
Y es que, como bien saben los expertos en transporte, el punto de equilibrio de toda nueva vía es la saturación. Es decir, cada nueva carretera o autovía que se abre en una zona tan saturada como la Comunidad de Madrid tiene un “efecto llamada” que hace que se generen nuevos atascos, pero con un tráfico incrementado por el aumento de capacidad que supone la nueva carretera.
En este sentido, la estrategia para luchar contra los atascos debe ser justo la contraria: no ampliar el viario y apostar sin fisuras por el transporte público. Así, llama la atención de que al mismo tiempo que se da vía libre al cierre de la M-50, no haya ningún compromiso concreto para la realización de los carriles bus-VAO en las principales vías de acceso a Madrid. Y eso que el único carril con estas características, el de la A-6, inaugurado en 1995, ha dado muy buenos resultados.
Lo único positivo de la reunión entre la Presidenta regional y el Ministro de Fomento ha sido la enésima promesa de poner en marcha el plan de cercanías. Ya iba siendo hora. Mientras desde 1995 apenas se ha incrementado en unos pocos kilómetros la red de cercanías, la red de autovías se ha más que duplicado, superando ya los 1.000 km. No es de extrañar, por tanto, que desde la última encuesta de movilidad, la de 2004, se haya constatado que en la Comunidad de Madrid ya se realizan más viajes en automóvil privado que en transporte público.
Pero, más allá de los anuncios rimbombantes de nuevas infraestructuras, la reunión de Aguirre y Blanco deja varios asuntos muy relevantes en el tintero:
– ¿De dónde saldrá la financiación para el cierre de la M-50? Hablamos de más de 2.500 millones de euros que nadie ha explicado de dónde se obtendrán.
– ¿Qué viabilidad económica tiene el aeropuerto privado que se plantea en El Álamo-Navalcarnero?
Ahí está el reciente y ruinoso ejemplo del recién inaugurado en Ciudad Real. Un aeropuerto, por cierto, con importante financiación de la intervenida Caja Castilla-La Mancha, por lo que, una vez más, al final resulta ser sufragado por el sufrido contribuyente.
Para Ecologistas en Acción, la situación del transporte en la Comunidad de Madrid es tremendamente insostenible y grave. La única estrategia para revertir esta situación pasa por la realización de un plan de movilidad sostenible y por la moratoria en la construcción de nuevas autovías, pues lejos de solucionar el problema del tráfico equivalen a echar más gasolina al fuego.