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Charli Hebdo. Libertad versus seguridad

12/1/15. Esta reflexión es de  Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

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Pasados unos días del atentado en Paris contra los dibujantes de la revista “Charlie Hebdo” y el supermercado,después de la conmoción producida y con más serenidad conviene reflexionar sobre los efectos que pueden provocar los atentados llevados a cabo por radicales islamistas y no aceptar actuaciones y medidas preventivas basadas en emociones.

La primera preocupación es el incremento experimentado en diversos países de la Unión Europea –Alemania, Francia, Holanda, Inglaterra y Suecia- de la xenofobia, del rechazo a la inmigración y en especial de las actitudes racistas contra inmigrantes y en concreto contra inmigrantes musulmanes. Entre las intenciones de los radicales yihadistas está atizar, mediante actos violentos, rencores, odios, alimentar choques identitarios y enfrentamientos culturales entre las diversas comunidades en el seno de nuestras ciudades. Actos como éste en plena crisis económica, cuando los ciudadanos no perciben soluciones al paro o a la precariedad laboral, fomentan una ideología en donde los extranjeros son señalados con el dedo y se estigmatiza a los musulmanes. Esta situación, es aprovechada por fuerzas políticas populistas que en aras de incrementar su cuota de poder utilizaran los sentimientos anti islámicos para obtener réditos electorales.

La segunda preocupación se centra en el clásico debate sobre seguridad versus libertad; los debates de estos días acabaran abordando la necesidad de actuar frente a estos hechos, de proponer respuestas al radicalismo, de cómo prevenir actuaciones como la acontecida, de buscar chivos expiatorios para explicar la crisis de valores en que estamos inmersos, etc. Las respuestas ante el miedo, el odio, los fantasmas o la crisis de identidad pueden concretarse en medidas legislativas y policiales que vayan en detrimento de los derechos civiles que tanto nos ha costado conseguir.

Edward Snowden filtró documentos secretos procedentes de la National Security Agency (NSA) estadounidense. Gracias a ello supimos que EEUU, pero también países de la UE, China y Rusia, bajo la escusa de lucha contra el terrorismo, interceptan sin pudor millones de llamadas telefónicas de ciudadanos de todo el mundo. Gracias a él también sabemos que durante algunos años empresas de comunicación y proveedores de internet han colaborado con los gobiernos para ceder, robar y analizar millones de datos sin ningún control político y judicial.

Hoy en día hasta los detalles más insignificantes de nuestras vidas están siendo registrados, almacenados y estudiados con fines comerciales o de seguridad, evidentemente con nuestra cooperación consciente o inconsciente. Los escáneres humanos de aeropuertos, la toma de medidas biométricas, pasaportes de identificación por radiofrecuencias, las cámaras de video de aeropuertos, centros comerciales, calles y peajes de autopistas, la geolocalización de los teléfonos móviles, las conexiones a páginas web, nuestros comentarios en Facebook o Twitter, la lectura de periódicos on-line, etc. almacenan datos de posición, tiempo, preferencias, preocupaciones, hábitos y actividad que realizamos diariamente. Todo ello permite confeccionar perfiles de comportamientos ciudadanos y categorizaciones.

Los atentados de Paris seran utilizados por los gobernantes y la industria de seguridad para justificar las ingentes partidas presupuestarias dirigidas a desarrollar tecnologías de vigilancia y tratamiento de grandes cantidades de información -Big Data- que supuestamente nos han de proteger de “los otros”, y ¿Quiénes son los otros? Todos aquellos que son musulmanes. En aras de “nuestra seguridad” habrá que modificar normas que permitan a los agentes de seguridad investigar a posibles yihadistas. ¿Cómo y dónde buscarlos? Entre aquellos que visitan ciertas webs, que son lectores de ciertos blogs, que participan de grupos de correos electrónicos, que profesan una fe muy manifiesta, que viajan a zonas en conflicto armado, etc. Tal y como pasaba con aquellas personas que por el hecho de ser vasco y nacionalista de izquierda era sospechoso de pertenecer a ETA.

Pero las imágenes y datos grabados con los nuevos sistemas de vigilancia no muestran las intenciones, los motivos o las elecciones personales que hay en ellas, lo cual puede llegar a conducir a que se categoricen a muchas personas como sospechosas. Lo que no podemos saber es cuándo las categorías de riesgo pueden incluirnos “accidentalmente”, excluirnos de la entrada a un lugar, a un país o privarnos de un derecho. Casi con toda seguridad a partir de estos atentados se requisarán pasaportes o DNI de ciudadanos de la UE que puedan ser sospechosas de integrarse en la yihad, se limitaran los movimientos de entrada y salida del país o de la UE sin necesidad de autorización judicial. Medidas preventivas que limitan el derecho de movilidad pueden acabar siendo usadas para limitar la entrada de inmigrantes de cualquier parte del mundo a la UE.

Estos sistemas de vigilancia y control de población vulneran el principio de privacidad, el derecho a la intimidad, el derecho al honor, el derecho de expresión o el derecho de movilidad, principios fundamentales de la democracia. Principios que se vulneraran ya que se llevaran a cabo sin la autorización judicial, que es la garantía del estado de derecho.

El miedo se ha instalado y los musulmanes pasan a ser sospechosos, aunque ellos sean los primeros horrorizados por esta barbarie. Es evidente que todos queremos seguridad, que las decisiones no son fáciles, pero solamente manteniendo intactos los derechos fundamentales podemos salvarnos de la barbarie. A nosotros nos corresponde decidir hasta donde estamos dispuestos a ceder en la pérdida de derechos en aras de la seguridad y la tranquilidad. Estos días los gobernantes nos piden que estemos atentos y vigilantes a nuestra seguridad, pero a lo que hay que estar atentos es a las modificaciones legislativas que en nombre de nuestra seguridad vaya a llevar acabo el gobierno o los gobiernos de la UE, hay que vigilar al gobierno para que en nombre de la seguridad no recorte las libertades que tanto han costado de conseguir.

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