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Cuando violarnos no cuesta nada

Compañera, quizás nunca leas esto, pero ojalá en un día como hoy sientas el abrazo de todas nosotras. No te vamos a dejar sola. Jamás.

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Lo primero que se me ha pasado por la cabeza ha sido ella. La víctima de La Manada. Lo que habrá sentido, revivido y recordado tras escuchar el fallo judicial.

Nos queda leer bien la sentencia, pero el mensaje ha sido claro: no hay violación, solo abuso sexual, y 9 años de condena. En unos 3 años, podrían acceder a los permisos penitenciarios. Lejos quedaron las peticiones de 22 y 24 años años de cárcel.

¿Qué más tenemos que demostrar para que nos consideren violadas?

¿Qué más tenemos que demostrar, incluso con vídeos que registran a cinco tiarrones que te acorralan en un portal, te callan, te desnudan y te penetran por boca, ano y vagina, y eyaculan sobre ti, y te dejan desnuda, tirada como un despojo, donde además te quitan el móvil para que no pidas ayuda?

¿Qué más quieres, justicia, para que consideres que esto no es violación sino un abuso sexual? ¿Que nos perforen? ¿Que nos maten?

Esto en un país donde ocurre una violación cada 8 horas. 1 cada 8. Que no se nos olvide, son datos del Ministerio de Interior. Acercaos a cualquier centro de terapia de violencia sexual y veréis que esto pasa todos los días. TODOS los días.

La lección que la justicia nos ha querido dar a las mujeres es que si te sometes, no es violación. Da igual si consientes o no. No es violación, es abuso. Es como si nos dijeran: “si te quedas en shock, lo siento, haberte espabilado, haberte enfrentado a cinco tiarrones a riesgo de salir con vida”. Las alternativas que nos dejan es…. o nos sometemos y que la justicia niegue la violación; o nos enfrentamos y acabar, probablemente, como Nagore o Diana Quer: muertas. Incluso muertas nos puede pasar como a Nagore, que no se considere asesinato, sino homicidio. Así ya no sólo sale barato agredirnos, sino matarnos.

Otro perverso mensaje es para las mujeres violadas. Si cinco tiarrones de 27 años te meten en un portal y te penetran por todo lo que tengas disponible no es violación… ¿qué vamos a esperar cuando nos violen uno solo? O más allá, ¿qué vamos a hacer cuando nos viole nuestra pareja? Llevo solo una hora tras la sentencia y tengo dos compañeras agredidas que me dicen que no piensan enfrentarse a un proceso judicial para acabar de esta manera. Denunciar no es un entretenimiento, es revivir la agresión, es revivir el miedo.

La lección que también nos da la justicia es un efecto llamada a las Manadas a las que quita peso y responsabilidad, para pasar, cómo no, a nosotras. Un mensaje de: “bueno, sí, es abuso, pero tampoco tan grave”. Esa idea que uno de los abogados, Agustín Martínez, explicó de forma elocuente con que no era más que una grabación “pornográfica”. Esos chicos que escribían mensajes de Whatsapp donde planeaban violaciones con burundanga.

Después del 8M, de todo lo que avanzamos de concienciación del acoso sexual, del #MeToo… esta sentencia es parte de la respuesta patriarcal que siempre sucede al auge del discurso feminista. Es el mantenimiento del discurso de la cultura de la violación, la sospecha de que la violación es provocada y consentida en parte, de que hay un modelo de víctima que debe cumplirse.

No olvidemos que incluso se cuestionó cómo la víctima se sentaba en el juicio como argumento. A ver si empezamos a entender que podemos ser violadas y el derecho a rehacer nuestras vidas sin ser juzgadas. Podemos ser violadas y recuperarnos con el tiempo. Podemos ser violadas y querer sentir, ligar, enamorarnos o tener sexo con otras personas a las que sí consentimos. Podemos ser violadas y normalizar nuestra vida en la medida de lo posible, como cualquier psicólogo recomienda. ¿Nos quieren encerradas en casa llorando? ¿Sin comer? ¿Hundidas? ¿Nos quieren al borde del suicidio? ¿Avergonzadas y con la cabeza baja? ¿Ese machismo que nos dice que siempre vamos de víctimas reclama ahora ese papel y se irrita cuando somos supervivientes? ¿Cuando nos roban y vamos a juicio, nos evalúan cómo nos sentamos? En los propios cursos de protección de recursos humanos te dicen que si trabajas en una tienda, y te roban, no fuerces, no te opongas… porque lo importante es salir con vida. ¿Por qué este doble baremo para unos casos sí y otros no? Muy fácil: porque se llama sociedad patriarcal. Se llama machismo.

Esta sentencia deja muchas cuestiones que se llegan a perpetuar y que no se condenan de forma frontal y contundente. Es el camino para seguir siendo consideradas como objetos y no personas. Es el camino que expone de nuevo que la violación de los derechos de la mujer quedan en un caso aislado, anulando el propio sistema, y que se engloba dentro de un asunto de derechos humanos. Este caso perpetúa disfrazar las violaciones como sexo. Este caso deja sin condenar de forma enérgica a las manadas, que asocian estos actos como forma de ocio y entretenimiento, donde pasamos a ser muñecas hinchables. Deja anulado que, además de que NO es NO, el silencio no es consentimiento y que solo sí es sí, sin intimidaciones ni amenazas. Recordemos que hasta tres miembros de La Manada afirmaron NO existir consentimiento por parte de la víctima.

Con esta sentencia ya sabemos que a partir de ahora si se nos acercan uno, dos, tres, cuatro o cinco tiarrones, adultos, del doble de nuestro tamaño, que nos hacen una encerrona, nos acorralan en un portal, nos desnudan sin consentimiento, nos penetren oral, vaginal y bucalmente, y eyaculen sobre nosotras pase a ser considerado solo un “abuso” si nos quedamos paralizadas. También va a ser ahora nuestra culpa reaccionar así, cómo no.

Justo ahora creo que hay que recuperar parte de la declaración de la víctima durante el juicio: “Me tenían  agarrada de las muñecas, entonces para callarme me tenían  tapada  la boca y recuerdo que me fueron agarrando de las muñecas hasta que llegamos a una puerta que es como de un cristal templado (…) Y empecé a tener más miedo cuando me  agarraron así de la mandíbula para acercarme y que le hiciera una felación . Y cuando ya tenía uno de ellos agarrada así, noté como otro me cogía de la cadera y  me bajaba  los leggins  y el tanga. Y ya en ese momento estaba totalmente en shock, no sabía qué hacer, sólo quería que pasara y cerré los ojos para no enterarme de nada y que todo pasara rápido”.

Y después de esto, si no os produce náuseas, leed el voto particular del juez que ha dictado absolución: “La expresión en su rostro es en todo momento relajada y distendida y, precisamente por eso, incompatible a mi juicio con cualquier sentimiento de miedo, temor, rechazo o negativa (…). Lo que me sugieren sus gestos, expresiones y sonidos que emite es de excitación sexual”.

Cualquiera que sea mujer y lea esto sentirá un escalofrío. Estamos vendidas. Me pesa el dolor de la falta del rechazo radical y unánime contra la violencia machista, y la confirmación de que en la justicia queda mucho por hacer, y de forma urgente. Urgentísima. Entre otras cosas, comprender y entender las reacciones de una mujer agredida y violada. Porque mientras aprenden, nos violan y nos matan. La justicia y quienes la componen tienen que entender el alcance de esta violencia y los procesos psicológicos de las víctimas agredidas o siempre ocurrirá esto. Aprended que el miedo paraliza. Y a partir de ahí se anula la capacidad de reacción y todo lo que se hace ni es consecuente ni bajo control. Para quien no pueda entenderlo, el resumen de lo que nos hemos jugado en esta sentencia es la vida. Nuestra vida. Porque cada víctima nos representa a nosotras en un futuro.

Como mujer pienso que esta sentencia es más que un “desacierto”, como he escuchado hoy. Es el descaro de decirnos a la cara que valemos muy poco, es el despropósito de ningunearnos, es el disparate de sentenciarnos a ser violadas con complicidad judicial, es la desvergüenza de dejarnos indefensas, es la frivolidad de ser tratadas como cosas.

Estos días vamos a hablar de la sentencia. Y la vamos a mirar con lupa. Y lo advierto porque vendrán legiones a darnos estos días clases de derecho y nos dirá que respetemos sentencias judiciales, justo los que en otras circunstancias no se callan. Así, que lecciones, ni una.

El caso de La Manada no termina aquí y, más pronto que tarde, habrá recurso. También recuerdo que parte de La Manada sigue con otra causa pendiente en Pozoblanco, de cuya víctima me acuerdo también hoy muchísimo. Esto es solo una pausa en el camino. Pero no vamos a dar ni un paso atrás. Nos van a tener enfrente con más fuerza que nunca.

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/13365/cuando-violarnos-no-cuesta-nada/

Archivo:
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Navajas en nuestras manos

La última lectura que podemos hacer de esta sentencia es que estamos en guerra. Que podemos verlo o no verlo, pero eso no hará que la guerra pare

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La sentencia a ‘la manada’ , deja claro en HECHOS PROBADOS lo siguiente:

(…) Al encontrarse en esta situación, en el lugar recóndito y angosto descrito, con una sola salida, rodeada por cinco varones, de edades muy superiores y fuerte complexión, conseguida conforme a lo pretendido y deseado por los procesados y querida por estos,  “la denunciante” se sintió impresionada y sin capacidad de reacción. En ese momento notó como le desabrochaban la riñonera que la llevaba cruzada, como le quitaban el sujetador sin tirantes abriendo un clip y le desabrochaban el jersey que tenía atado a la cintura; desde lo que  experimentó la sensación de angustia, incrementada cuando uno de los procesados acercó la mandíbula de la denunciante para que le hiciera una felación  y en esa situación, notó como otro de los procesados le cogía de la cadera y le bajaba los leggins y el tanga.  “La denunciante”, sintió un intenso agobio y desasosiego, que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad, determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera,  manteniendo la mayor parte del tiempo los ojos cerrados.

Los procesados, conocieron y aprovecharon la situación de la denunciante  en el cubículo al que la habían conducido,  para realizar con ella diversos actos de naturaleza sexual, con ánimo libidinoso, actuando de común acuerdo . En concreto y al menos “la denunciante” fue  penetrada bucalmente por todos los procesados; vaginalmente por Alfonso Jesús Cabezuelo y José Ángel Prenda, éste último en dos ocasiones, al igual que Jesús Escudero Domínguez quien la penetró una tercera vez por vía anal, llegando a eyacular los dos últimos y sin que ninguno utilizara preservativo. Durante el desarrollo de los hechos Antonio Manuel Guerrero, grabó con su teléfono móvil seis vídeos con una duración total de 59 segundos y tomó dos fotos Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena, grabó del mismo modo un vídeo, con una duración de 39 segundos.

Quedando esta  violación  probada, los magistrados llegan a la conclusión de que no hay violación, pidiendo incluso uno de ellos -en el voto particular- que se absuelva a los acusados. Los sentencian finalmente a 9 años por un delito de abuso sexual continuado, rebajando así a más de la mitad las condenas que pedían la fiscalía y acusación particular.

Las lecturas que se sacan de este caso son muchas y ninguna buena:

  1.   Aviso a navegantes: Las mujeres que ya han denunciado y las que tengan que denunciar a lo largo de su vida (yo, tú o cualquier mujer), debemos tener presente que los encargados de repartir justicia pueden llegar a creer (en el mejor de los casos) nuestra indefensión durante los hechos, nuestro estrés, sufrimiento, angustia y miedo, para acto seguido decirnos en nuestra cara que no hemos sido violadas. Pueden incluso creer, -en este caso, porque lo han visto-, que nos han intimidado entre uno, cinco o veinte hombres de complexión más fuerte para penetrarnos y robarnos, para acto seguido cambiarle el nombre a nuestra experiencia, negando nuestros propios recuerdos. Pueden escribir y recitar sin que les tiemble el pulso o la voz, que la víctima fue “penetrada bucalmente por todos los procesados; vaginalmente (…), por vía anal (…) , llegando a eyacular los dos últimos y sin que ninguno utilizara preservativo (…). Pueden llegar a describir exactamente lo que nosotras denunciemos y decir que sí, que está probado, para acto seguido explicarnos que lo que hemos vivido no es una violación, sino un simple abuso.
  2. Vosotros, tranquilos.  Al patriarcado, esta sentencia le manda un mensaje mucho más positivo: podéis usar vuestra superioridad física, incluso reuniros varios para intimidar más, y asustar, presionar, intimidar, penetrar, forzar y, a fin de cuentas,  violar  a una o más mujeres. Podéis incluso grabarlo en vídeo para usos posteriores, porque la justicia no ve violación en las violaciones.
  3. Si te van a violar, intenta que te dañen por fuera, no sólo por dentro.  Si te van a violar y quieres mantenerte con vida, haz lo que te piden, pero intenta que al menos te rompan algún hueso. Si estás tan acojonada que no puedes moverte, si te quedas “sin capacidad de reacción”, luego no llores. Pero tampoco te pases con la resistencia,  recuerda lo que le pasó a Nagore también en sanfermines.
  4. Tu experiencia no es tuya.  Tú puedes haber sido violada entre cinco hombres y luego robada y desprovista del único dispositivo de comunicación que tenías a cientos de kilómetros de tu casa, pero eso no significa que hayas sido violada ni que te hayan robado. Tú puedes haber sentido las penetraciones de cinco desconocidos en tus propias carnes, pero tienes que esperar a que unos señores dictaminen cómo se llama eso. Y violación no es la palabra. Es abuso. Tú puedes haber sentido el pánico y la angustia al ver que, además, te han robado la única forma de comunicarte tras la violación, pero eso no significa que te hayan robado realmente. Lo que han hecho se llama, simplemente, hurto. Robo es algo más grave, es cuando te dan un empujón en la calle para robarte el bolso, por ejemplo.
  5. Juicios no mediáticos.  Todo lo anterior se recrudece mucho más si pensamos en un juicio donde nadie está mirando.  Del que la prensa y las teles no hacen especiales ni sacan en portadas. Juicios diarios con víctimas anónimas y acusados sin nombres y foto. Porque si en un juicio tan mediático como éste, con tanta presión social se ha resuelto que la experiencia de esta mujer no fue una violación, no hace falta tener mucha imaginación para saber lo que les está ocurriendo a muchas mujeres en las salas de todo el país.

Y la última lectura que podemos hacer de esta sentencia es que  estamos en guerra . Que podemos verlo o no verlo, pero eso no hará que la guerra pare.

Que es la prepotencia machista quien nos gobierna, quien nos quita la paz desde las mismas salas donde deberían darnos justicia. Que la calle no es nuestra, ni las fiestas, ni la libertad. Que la noche, la diversión y hasta las aceras que pisas son de ellos. Que vivimos apretando el paso cuando no vamos acompañadas porque les han enseñado que si atacan a mujeres ellas tienen miedo, no furia. Que pueden hacer lo que quieran porque todo lo merecen, porque ellos son hombres y nosotras ciudadanas de segunda que no sentimos el dolor y el miedo como lo sienten ellos.

Que nuestras manifestaciones de nada sirven. Que el mismo sistema que nos juzga a nosotras aun siendo las víctimas se ríe de nuestras reclamaciones y de nuestras vidas. Que da igual lo que queramos, da igual los derechos que tengamos sobre el papel… da igual todo, porque seguimos siendo mujeres.

Que no nos creen ni nos creerán si no devolvemos la violencia recibida, aunque nos hayan enseñado justo a lo contrario. Pero no nos engañan, porque cuando empecemos a clavar navajas hasta la empuñadura a los  prenda que nos digan qué hacer en un portal, nos juzgarán aún más. Si hay algo que el patriarcado odia más que a una mujer, es a una mujer que rompe con los estereotipos asignados a su género, y las navajas sólo se nos permiten si están clavadas en nuestro cuerpo, no asidas por el mango en nuestras manos.

https://www.eldiario.es/barbijaputa/barbijaputa-navajas-manada-sanfermines-violaciones-sentencia_6_765083517.html

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