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Navajas en nuestras manos

La última lectura que podemos hacer de esta sentencia es que estamos en guerra. Que podemos verlo o no verlo, pero eso no hará que la guerra pare

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La sentencia a ‘la manada’ , deja claro en HECHOS PROBADOS lo siguiente:

(…) Al encontrarse en esta situación, en el lugar recóndito y angosto descrito, con una sola salida, rodeada por cinco varones, de edades muy superiores y fuerte complexión, conseguida conforme a lo pretendido y deseado por los procesados y querida por estos,  “la denunciante” se sintió impresionada y sin capacidad de reacción. En ese momento notó como le desabrochaban la riñonera que la llevaba cruzada, como le quitaban el sujetador sin tirantes abriendo un clip y le desabrochaban el jersey que tenía atado a la cintura; desde lo que  experimentó la sensación de angustia, incrementada cuando uno de los procesados acercó la mandíbula de la denunciante para que le hiciera una felación  y en esa situación, notó como otro de los procesados le cogía de la cadera y le bajaba los leggins y el tanga.  “La denunciante”, sintió un intenso agobio y desasosiego, que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad, determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera,  manteniendo la mayor parte del tiempo los ojos cerrados.

Los procesados, conocieron y aprovecharon la situación de la denunciante  en el cubículo al que la habían conducido,  para realizar con ella diversos actos de naturaleza sexual, con ánimo libidinoso, actuando de común acuerdo . En concreto y al menos “la denunciante” fue  penetrada bucalmente por todos los procesados; vaginalmente por Alfonso Jesús Cabezuelo y José Ángel Prenda, éste último en dos ocasiones, al igual que Jesús Escudero Domínguez quien la penetró una tercera vez por vía anal, llegando a eyacular los dos últimos y sin que ninguno utilizara preservativo. Durante el desarrollo de los hechos Antonio Manuel Guerrero, grabó con su teléfono móvil seis vídeos con una duración total de 59 segundos y tomó dos fotos Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena, grabó del mismo modo un vídeo, con una duración de 39 segundos.

Quedando esta  violación  probada, los magistrados llegan a la conclusión de que no hay violación, pidiendo incluso uno de ellos -en el voto particular- que se absuelva a los acusados. Los sentencian finalmente a 9 años por un delito de abuso sexual continuado, rebajando así a más de la mitad las condenas que pedían la fiscalía y acusación particular.

Las lecturas que se sacan de este caso son muchas y ninguna buena:

  1.   Aviso a navegantes: Las mujeres que ya han denunciado y las que tengan que denunciar a lo largo de su vida (yo, tú o cualquier mujer), debemos tener presente que los encargados de repartir justicia pueden llegar a creer (en el mejor de los casos) nuestra indefensión durante los hechos, nuestro estrés, sufrimiento, angustia y miedo, para acto seguido decirnos en nuestra cara que no hemos sido violadas. Pueden incluso creer, -en este caso, porque lo han visto-, que nos han intimidado entre uno, cinco o veinte hombres de complexión más fuerte para penetrarnos y robarnos, para acto seguido cambiarle el nombre a nuestra experiencia, negando nuestros propios recuerdos. Pueden escribir y recitar sin que les tiemble el pulso o la voz, que la víctima fue “penetrada bucalmente por todos los procesados; vaginalmente (…), por vía anal (…) , llegando a eyacular los dos últimos y sin que ninguno utilizara preservativo (…). Pueden llegar a describir exactamente lo que nosotras denunciemos y decir que sí, que está probado, para acto seguido explicarnos que lo que hemos vivido no es una violación, sino un simple abuso.
  2. Vosotros, tranquilos.  Al patriarcado, esta sentencia le manda un mensaje mucho más positivo: podéis usar vuestra superioridad física, incluso reuniros varios para intimidar más, y asustar, presionar, intimidar, penetrar, forzar y, a fin de cuentas,  violar  a una o más mujeres. Podéis incluso grabarlo en vídeo para usos posteriores, porque la justicia no ve violación en las violaciones.
  3. Si te van a violar, intenta que te dañen por fuera, no sólo por dentro.  Si te van a violar y quieres mantenerte con vida, haz lo que te piden, pero intenta que al menos te rompan algún hueso. Si estás tan acojonada que no puedes moverte, si te quedas “sin capacidad de reacción”, luego no llores. Pero tampoco te pases con la resistencia,  recuerda lo que le pasó a Nagore también en sanfermines.
  4. Tu experiencia no es tuya.  Tú puedes haber sido violada entre cinco hombres y luego robada y desprovista del único dispositivo de comunicación que tenías a cientos de kilómetros de tu casa, pero eso no significa que hayas sido violada ni que te hayan robado. Tú puedes haber sentido las penetraciones de cinco desconocidos en tus propias carnes, pero tienes que esperar a que unos señores dictaminen cómo se llama eso. Y violación no es la palabra. Es abuso. Tú puedes haber sentido el pánico y la angustia al ver que, además, te han robado la única forma de comunicarte tras la violación, pero eso no significa que te hayan robado realmente. Lo que han hecho se llama, simplemente, hurto. Robo es algo más grave, es cuando te dan un empujón en la calle para robarte el bolso, por ejemplo.
  5. Juicios no mediáticos.  Todo lo anterior se recrudece mucho más si pensamos en un juicio donde nadie está mirando.  Del que la prensa y las teles no hacen especiales ni sacan en portadas. Juicios diarios con víctimas anónimas y acusados sin nombres y foto. Porque si en un juicio tan mediático como éste, con tanta presión social se ha resuelto que la experiencia de esta mujer no fue una violación, no hace falta tener mucha imaginación para saber lo que les está ocurriendo a muchas mujeres en las salas de todo el país.

Y la última lectura que podemos hacer de esta sentencia es que  estamos en guerra . Que podemos verlo o no verlo, pero eso no hará que la guerra pare.

Que es la prepotencia machista quien nos gobierna, quien nos quita la paz desde las mismas salas donde deberían darnos justicia. Que la calle no es nuestra, ni las fiestas, ni la libertad. Que la noche, la diversión y hasta las aceras que pisas son de ellos. Que vivimos apretando el paso cuando no vamos acompañadas porque les han enseñado que si atacan a mujeres ellas tienen miedo, no furia. Que pueden hacer lo que quieran porque todo lo merecen, porque ellos son hombres y nosotras ciudadanas de segunda que no sentimos el dolor y el miedo como lo sienten ellos.

Que nuestras manifestaciones de nada sirven. Que el mismo sistema que nos juzga a nosotras aun siendo las víctimas se ríe de nuestras reclamaciones y de nuestras vidas. Que da igual lo que queramos, da igual los derechos que tengamos sobre el papel… da igual todo, porque seguimos siendo mujeres.

Que no nos creen ni nos creerán si no devolvemos la violencia recibida, aunque nos hayan enseñado justo a lo contrario. Pero no nos engañan, porque cuando empecemos a clavar navajas hasta la empuñadura a los  prenda que nos digan qué hacer en un portal, nos juzgarán aún más. Si hay algo que el patriarcado odia más que a una mujer, es a una mujer que rompe con los estereotipos asignados a su género, y las navajas sólo se nos permiten si están clavadas en nuestro cuerpo, no asidas por el mango en nuestras manos.

https://www.eldiario.es/barbijaputa/barbijaputa-navajas-manada-sanfermines-violaciones-sentencia_6_765083517.html

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De Ana Torroja a los Pujol, Gürtel o el ático de González: todos los sumarios conducen a Panamá

El expresidente madrileño, Ignacio González, aseguró que había alquilado su piso de verano en Estepona a través de una sociedad radicada en el país centroamericano

6/04/2016.- El bufete Mossack Fonseca fue clave para intentar lavar el dinero de Gürtel, según los investigadores, y sirvió al entramado de Correa para ocultar la propiedad de un yate de tres millones de euros.

Panamá es el undécimo de la lista de países con mayor secreto financiero, según la clasificación de Tax Justice Network, una organización global que lucha contra la evasión de impuestos, y cuyo podio de estados más opacos siguen ocupando Suiza, Luxemburgo y Hong Kong. Y Panamá es también el hilo del que han tirado jueces, fiscales, policías y Agencia Tributaria para perseguir los grandes sumarios de corrupción que han acaparado portadas y titulares los últimos años en la prensa española.

Si el rastro del dinero conduce a Suiza o Andorra, la madeja de sociedades para ocultarlo desemboca a menudo en este país de América Central, al que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero retiró de la lista de paraísos fiscales en 2011 para allanar a grandes constructoras españolas el megacontrato del Canal de Panamá.

De la familia Pujol a la saga de los Carceller en Cataluña, pasando por el ático de Ignacio González, el caso Nóos o la trama Gürtel… Siempre hay por el medio sociedades panameñas. En los papeles de Panamá, que difunde un consorcio internacional de periodistas de investigación que en España han revelado La Sexta y El Confidencial, figuran al menos 1.200 sociedades, 558 accionistas y 166 intermediarios con dirección postal española.

El nexo de muchas de ellas se llama Mossack Fonseca –el bufete al que dan nombre dos de sus socios, el alemán Jürgen Mossack y Ramón Fonseca, exasesor hasta hace unas semanas del presidente panameño, Juan Carlos Varela– que lleva 40 años ayudando a crear empresas a bufetes, dirigentes políticos, bancos, deportistas y en general a acaudalados del mundo.

El bufete Mossack Fonseca aparece tras el ovillo de sociedades que enredaron la supuesta compra del ático del expresidente madrileño Ignacio González. Según los investigadores, en el despacho panameño nació la sociedad Walford Overseas Investment, propietaria a su vez de la firma Coast Investors LLC radicada en el Estado norteamericano de Delaware, que fue la que, según el relato del propio González, alquiló primero a su familia la vivienda de lujo de Estepona.

Lo que investiga el juzgado de esta localidad malagueña es si todos esos nombres en inglés eran sociedades pantalla para ocultar el regalo de un piso de lujo al sucesor de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid. La última explicación de González y su familia es que tras arrendar esa casa de verano (y destaparse el escándalo), decidió comprarla con los 636.580 euros que su esposa, Lourdes Cavero, cobró por el despido de su trabajo en la patronal de empresas eléctricas.

Del hiperactivo despacho Mossack-Fonseca sacó también sociedades pantalla la red Gürtel para sus negocios, según un informe de la Agencia Tributaria desvelado por la Cadena SER. Fuentes cercanas a la investigación apuntan al bufete como un instrumento esencial para esconder el dinero de sus negocios a través del contable suizo de la red, Arturo Gianfranco Fasana.

El cabecilla de la trama, Francisco Correa, ocultó a través de una de esas firmas, Roseport Holdings Group Corp, un yate de más de tres millones de euros que compró en 2005. El dinero según el informe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía incorporado al juzgado procedía, cómo no, de cuentas suizas.

La vinculación de los principales imputados de Gürtel con Panamá llegó al punto de que Correa antes de ser detenido estaba tramitando un permiso de residencia en aquel país. Lo desveló la Sala de Lo Civil y Penal del Tribunal en 2009 para rechazar su puesta en libertad.

El dinero del caso Bárcenas también hizo una parada en Panamá. El 7 de julio de 2005 el extesorero del PP transfirió 13,6 millones de euros a una cuenta de la Fundación Sinequanon, radicada en el país centroamericano.

Dentro de los 70.0000 folios del caso Nóos, que ha sentado en el banquillo a la infanta Cristina y ha arruinado la imagen de la Casa Real, también hay facturas a nombre de Mossack Fonseca. Según el sumario, estaba asesorando a Iñaki Urdangarin y a su socio Diego Torres para montar empresas y abrir cuentas particulares a las que el Instituto Nóos envió 420.000 euros.

“Una sociedad para ahorrar impuestos en Andorra”

A Panamá conducen también los negocios de la saga Pujol. Marta Ferrusola –la esposa del expresidente, primera dama de Cataluña durante 23 años, la mujer que acudió al Parlament a decir que su familia “no tenía ni cinco”– se benefició, según el juez De la Mata que investiga una supuesta trama de comisiones ilegales y fraude fiscal, de Kopeland Foundation, una sociedad jurídica para ahorrarse impuestos en Andorra.

Uno de los hijos del matrimonio, Jordi Pujol Ferrusola, explicó al juez que se trataba de un instrumento recomendado por la entidad donde tenía el dinero la familia, la Banca Privada de Andorra “para ahorrar impuestos en aquel país”, y trató de desvincular a su madre de la sociedad, pese a que el nombre de Marta Ferrusola aparecía en correos electrónicos de la entidad bancaria incorporadas a la causa. 

No solo la familia más influyente de Cataluña acudió a la ingeniería societaria de Panamá, la más rica hizo exactamente lo mismo. La saga Carceller, los propietarios de la cervecera Damm, tres generaciones de empresarios siempre bien relacionados con el poder ya desde el franquismo –Demetrio Carceller Segura fue ministro en la dictadura–, tejieron una red de empresas y sociedades para defraudar presuntamente y según la acusación que pesa sobre el patriarca, Demetrio Carceller Coll, 72 millones de euros.

La fianza que fijó la Audiencia Nacional fue de 764,8 millones de euros. El sumario se parece mucho a un manual de delincuencia económica. La Fiscalía Anticorrupción también en este caso llegó hasta Panamá. Era uno de los paraísos fiscales, junto a Luxemburgo, Antillas Holandesas y Madeira, donde la saga catalana escondía sus paquetes accionariales en distintas compañías con el dinero que presuntamente evadían desde 1990. El juicio no acaba de llegar. La grave enfermedad de Carceller Coll lo mantiene suspendido sine die desde junio.

Ana Torroja sí tuvo sentencia. Le cayeron dos penas de nueve meses de cárcel por esconder al fisco en los ejercicios 2006 y 2007 660.000 euros de los beneficios de la gira La Fuerza del Destino. La sentencia considera probado que la cantante de Mecano trató de engañar a Hacienda cobrando a través de un entramado societario de cuatro firmas repartidas entre las Antillas Holandesas y, por supuesto… Panamá.