La construcción de centros educativos por fases en Madrid entorpece la marcha del curso

La Comunidad viene construyendo los centros públicos por fases, una política que defienden por sus ahorros pero que está dificultando las cosas en los colegios. Algunas empresas adjudicatarias abandonan las obras y las construcciones se retrasan más de lo debido.

cole getafe

El CEIP Miguel de Cervantes, en Getafe (Madrid), es un colegio que tiene dos cursos de vida y mil problemas acumulados.

A las 8.20 de la mañana algunas decenas de niños y niñas de 3 años esperan en la acera o dentro del colegio, con sus madres y sus padres y con sus maestras. Diez minutos después aparecen dos autocares y un par de policías locales.

80 niños, aseguran las familias, se suben a los dos autocares (alguna mañana solo ha venido uno, de forma que ha tenido que hacer dos viajes). Han de ir todos los días al cercano CEIP Gabriel García Márquez. Acompañados, según la normativa, de una monitora por cada 50 criaturas. Desde el colegio, voluntariamente, algunas de las maestras también hacen el trayecto. En el García Márquez es donde dan clase porque en su colegio no caben.

El Cervantes es uno de los más de 30 centro de la Comunidad de Madrid que están esperando a ser terminados, a pesar de lo cual, no paran de crecer en alumnado todos los años.

Hace dos cursos lo que iba a ser una escuela infantil municipal se convirtió de la noche a la mañana en un Centro de Infantil y Primaria. Se licitó una obra de ampliación por valor de 2,2 millones de euros para construir varias aulas de Primaria, un comedor y pistas para hacer educación física. El concurso lo ganó la constructora Joca con una oferta económica de 1,4 millones de euros. Ahora mismo, y dado lo poco avanzado de la obra, habrá que repetir la licitación de la obra en los próximos meses.

Construcción por fases

Ya en tiempos de Lucía Figar comenzó la construcción de centros públicos por fases, como los ensanches y PAU de las grandes ciudades, aunque, asegura Isabel Galvín, de CCOO, esta política “se ha intensificado” con el gobierno de Cristina Cifuentes.

El CEIP Miguel de Cervantes es un edificio pensado para ser escuela infantil y que acabó siendo un CEIP. El edificio es el mismo.

Su sala polivalente hoy es el comedor. Han tenido que apretujar las sillas y las mesas para que quepan más niños. Aún así se han organizado dos turnos de comida porque al mismo tiempo no caben todos. Tienen a cuatro cursos de P3 en dos aulas del centro vecino, una en la planta baja, otra un piso más arriba. Ambas sin material y sin estar acondicionadas para este alumnado, según afirman las maestras del Cervantes.

La sala para sus maestras este año desapareció para que las niñas y niños de primaria pudieran dar clase. El alumnado de religión recibe las clases en un pequeño recibidor, entre la entrada y la dirección del colegio. El AMPA se “reúne” en una mesa en mitad de un pasillo. El curso de P3 que permanece en sus instalaciones tiene a 26 alumnos (los otros cuatro, nos confirman las maestras, están perdiendo alumnado por la situación de escolarización que están sufriendo).

Desde hace meses el colegio se encuentra rodeado de obras. Eso sí, paralizadas. Comentan las maestras, que han preferido no dar sus nombres, que las obras no entorpecen demasiado su labor dado que hace meses que nadie trabaja en ellas. El día que visitamos el centro, seis obreros se encuentran en el encofrado que debe convertirse en pista deportiva.

La Comunidad de Madrid, comenta Javier Torres, uno de los padres del AMPA, defiende la construcción por fases como una forma más flexible de responder a las necesidades de escolarización de cada zona. El caso es que el Cervantes se encuentra en un barrio nuevo, Los Molinos, con 6,000 personas empadronadas. Ya hay censados más de 500 niños y niñas. Y es el único colegio. A esto se suma que no tienen un centro de salud público.

Según fuentes de Educación, la construcción por fases “es más eficiente” porque “hace una redistribución idónea de los recursos económicos existentes y además permite que los centros vayan adaptándose a las necesidades reales de escolarización de los municipios o barrios”.

Uno de los problemas que denuncian desde organizaciones como CCOO es que las empresas adjudicatarias de este tipo de licitaciones, aunque abandonan las obras y no reciben castigo alguno, pueden volver a presentarse a otros concursos diferentes, para otras obras. La Comunidad de Madrid no penaliza.

En palabras de Isabel Galvín, estas empresas se limitan a hacer las partes menos costosas del proyecto, como la cimentación, y dejan sin hacer el resto.

Desde el Ayuntamiento de Getafe abundan en esta idea. Más en casos como el del Cervantes, un centro que se construyó con módulos prefabricados que la constructora tuvo que comprar a una tercera empresa, lo que resultaba más caro.

La construcción por fases ha dificultado mucho la vuelta al cole este curso. Hasta tal punto que la presidenta, Cristina Cifuentes, en la Asamblea Regional aseguró que se cambiará el sistema de contratación de las obras.

Según Educación “se han incluido criterios técnicos para que la oferta económica más ventajosa deje de ser el criterio único de valoración”. De esta manera pretenden evitar que las empresas no cumplan los plazos comprometidos y se agilicen las obras “con el objetivo de que estas concluyan con la debida celeridad y con las máximas garantías”.

Innovación educativa

La presidenta de la Comunidad de Madrid, hace unos días, en el debate sobre el estado de la Región aseguraba que su gobierno está decidido a apostar por la innovación educativa.

Las maestras del Cervantes aseguran que es complicado aplicar metodologías innovadoras cuando tienes a parte del alumnado desplazado en otro centro. Además de que hay parte del claustro que, a pesar de la organización horaria, ha de ir entre los centros utilizando las horas de los recreos.

De la misma manera, Javier Torres asegura que no hay momento de hablar del proyecto educativo del centro porque pasan la mayor parte del tiempo intentando organizar dentro del colegio los espacios para que los niños y las niñas den clases.

De hecho, áreas como la psicomotricidad de infantil han tenido que dejarlas de lado. El espacio en el que el curso pasado hacían esta actividad hoy está ocupada por la clase de religión. Y los alumnos de primaria, sin lugar donde hacer gimnasia, han de salir del colegio para ir a las pistas deportivas que hay enfrente, denuncian las maestras también.

El centro del barrio

Otro de los puntos de fricción de la comunidad educativa entre sí y con el Ayuntamiento de Getafe tiene que ver con la ampliación del colegio hasta la línea cinco. Las maestras no acaban de entender que el colegio finalmente naciera siendo línea tres y en dos cursos pasara a una cinco, teniendo en cuenta todas las deficiencias. Para ellas, lo ideal hubiera sido que las familias que en la matriculación se quedaron fuera hubieran ido a otros centros cercanos.

Javier Torres explica que efectivamente hubo cierta problemática entre las familias al respecto. Las hay que no querían un mayor crecimiento del colegio, frente a las que querían tener a sus hijos dentro del barrio.

Fue el Ayuntamiento el que decidió el aumento de la línea. Según Justo Arroyo, técnico de educación de Getafe, la razón tuvo que ver, precisamente, con arraigar a las familias y a los menores con el barrio en el que residen.

Eso sí, explican las maestras, cuando los niños que van al García Márquez vuelven a comer al Miguel de Cervantes, lo hacen extrañados porque no es su colegio.

Una situación, la de tener que desplazarse que dificulta, además, el periodo de adaptación de las criaturas. En vez de conocer un solo centro, en el mismo día están en dos y han de coger dos autobuses para ir y volver.

El pasado día 26, miembros del AMPA del Cervantes tuvieron una reunión con representantes de la Dirección de Área Territorial Sur. El compromiso de la administración es construir una fase mayor de la prevista inicialmente, de seis aulas a 12, pero, para ello y debido a lo poco avanzado de las obras en su momento por Joca, tendrá que haber una licitación de obra. Esto supondrá que no habrá mejoras hasta dentro de un año, septiembre de 2018.

A las familias el compromiso les parece positivo, pero tendrán reuniones en noviembre y en marzo con la DAT para para vigilar los plazos de construcción y presionar, en el caso de que sea necesario, para que la escolarización en el Cervantes no acabe suponiendo, nuevamente, el desplazamiento de alumnos de un lado al otro.

El consejero de Educación,  Rafael van Grieken, tiene previsto reunirse hoy con la Plataforma por la defensa de centros educativos públicos de calidad creada a principio de este año para hablar de la situación de las infraestructuras de la Comunidad de Madrid. Como ya denunciaba hace semanas la federación regional de CCOO, hay decenas de centros a medio construir con problemas similares a los del Miguel de Cervantes.

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