Palestina: 50 años de sometimiento

Israel mantiene desde hace medio siglo en los territorios ocupados, a ojos del derecho internacional, un régimen de colonización que viola los derechos humanos básicos, confisca tierras, construye asentamientos, se apropia de recursos, restringe los movimientos de las personas, divide poblaciones y ejerce represión militar y policial.

Cinco palestinos de Gaza sentados frente a un autobús y un edificio destruidos, en el 2014, por ataques aéreos israelís. AFP/ROBERT SCHMIDT

Cinco palestinos de Gaza sentados frente a un autobús y un edificio destruidos, en el 2014, por ataques aéreos israelís. AFP/ROBERT SCHMIDT

“Esta tierra nos pertenece, fue un regalo de Dios en 1967”, defiende Nahum Schwartz, pionero de la colonia judía de Amona, construida en el territorio palestino de Cisjordania en 1996 con el beneplácito extraoficial del gobierno.

Schwartz se refiere al año en que los israelís originaron la guerra de los seis días (5–10 de junio de 1967) y ocuparon Gaza, Cisjordania, Jerusalén este (territorios donde la comunidad internacional apoya crear el futuro Estado palestino), la península egipcia del Sinaí y una parte de los Altos del Golán sirios. Luego, Israel se anexionó Jerusalén este y el Golán.

Los terrenos de Amona pertenecían a familias palestinas que llevaron su caso al Tribunal Supremo de Israel. Tras años de lucha, ganaron y las autoridades israelís demolieron Amona hace cuatro meses. Sin embargo, los palestinos no pueden acceder a su tierra porque el Ejército israelí la ha declarado zona restringida.

Mariam Hammad, dueña de una de las parcelas, tiene 82 años y hace 20 que no pone un pie en su terreno, que para ella es “como un hijo”.

“Cuando Egipto e Israel hicieron la paz, en 1979, había 6.000 colonos. Cuando en 1993 se firmaron los acuerdos de Oslo (entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina), había 160.000. Ahora hay más de 600.000”, apunta Nabil Shaath, asesor de asuntos internacionales del presidente palestino.

Según datos de la oenegé israelí B’Tselem, en Cisjordania se han edificado 127 asentamientos judíos con la aprobación del gobierno (sin incluir las colonias de Hebrón). En Jerusalén este, la parte de la ciudad ocupada por Israel, hay 15 colonias y casas de colonos diseminadas.

En Cisjordania hay un centenar de asentamientos llamados ‘outposts’, ilegales ante la ley israelí, aunque muchos obtuvieron el visto bueno oficial para fundarse, como Amona. El derecho internacional considera ilegales todas las colonias. La oenegé israelí Yesh Din indica que el ejecutivo ha legalizado de forma retroactiva –o está en proceso de hacerlo– un tercio de los outposts. La Kneset (Parlamento israelí) aprobó en febrero la ley de regularización de casi 4.000 viviendas en tierra palestina privada.

B’Tselem señala que los colonos de Cisjordania, incluida Jerusalén este, son más de 588.000. En los Altos del Golán viven 23.000 colonos, mientras la población nativa siria es de 25.000 habitantes que controlan solo el 5% de la tierra.

En el valle del Jordán vivían antes de 1967
unos 250.000 palestinos. Ahora quedan 70.000

La inversión de dinero público en las colonias es enorme y hay incentivos para los que se instalan en ellas. También el dinero privado es clave en su expansión. “Las asociaciones de ultraderecha israelís y de colonos tienen más fondos para invertir en la colonización de Jerusalén este que la Autoridad Palestina para todo su proyecto”, asegura Sergio Yahni, codirector del Centro de Información Alternativa, una oenegé palestino-israelí.

Los asentamientos suponen la confiscación de tierras y la apropiación de recursos naturales. Los israelís controlan ahora el 87% del acceso al acuífero en Cisjordania, según la coalición de oenegés EWASH.

Un colono consume de media 300 litros de agua por persona al día, un palestino de Cisjordania, 73 litros.Una de las zonas de Cisjordania más ricas en agua y tierras fértiles es el Valle del Jordán. Los palestinos tienen vetado el acceso al 91,5% de este área donde los colonos poseen granjas, plantaciones de palmeras, verduras y flores que en el 2015 (último año computado) les supuso un beneficio de 547 millones de euros, según la OLP. En este territorio fértil vivían antes de 1967 unos 250.000 palestinos. Ahora quedan 70.000.

HUNDIMIENTO DE LA ECONOMÍA

La ocupación es responsable de una buena parte del hundimiento de la economía palestina, según un informe reciente de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (CNUCD). El documento denuncia “destrucción de bienes productivos, fragmentación de mercados locales, separación de mercados internacionales y dependencia forzosa de la economía israelí”.

Cisjordania está dividida en tres zonas: A, B y C, según el pacto de Oslo. El área C, que representa el 60% de Cisjordania, está bajo control militar y administrativo israelí. La CNUCD calcula que la ocupación en el área C cuesta a los palestinos el 35% de su PIB (4.000 millones de euros en 2015).

En Gaza, los israelís niegan el acceso de los campesinos a la mitad de las tierras cultivables y privan a los pescadores del 85% de sus recursos. Israel desalojó de la franja a su Ejército y sus colonos en el 2005, pero la mantiene sometida desde el 2007 a un bloqueo por tierra, mar y aire, con ayuda de Egipto, y entre el 2008 y el 2014 lanzó en Gaza tres ofensivas militares.

Otra fuente de ingresos que los palestinos ven diezmada por la ocupación es el turismo. En la zona C de Cisjordania, Jerusalén este y el Golán, los israelís controlan el acceso a los lugares de interés turístico y los administran como propios.

En el área C y en Jerusalén este, los colonos edifican sin problemas, pero los palestinos casi nunca obtienen permisos de construcción. Por necesidad, acaban construyendo sin licencia y se exponen a la demolición de sus viviendas.

Israel ha destruido a lo largo de los años miles de edificaciones: casas, escuelas, clínicas, granjas, parques infantiles. Hay pueblos enteros, como Susia, sobre los que pesan órdenes de demolición.

Las excavadoras israelís arrasaron el hogar de Mariam Majambre, de 71 años, en la aldea de Yinba, en las colinas del sur de Hebrón, una zona que el Ministerio de Defensa israelí declaró ‘Zona de Fuego 918’ para entreno militar.

“Es la segunda casa que me destruyen los militares”, cuenta Majambre, que vivía con 10 familiares, entre ellos cinco niños. En Yinba y Halaweh, el Ejército israelí aplastó estructuras financiadas por la UE y la ONU.

ATAQUES DE COLONOS

En la zona C, los palestinos son a menudo víctimas de ataques de colonos: asesinatos, violencia física, quema de casas, destrucción de árboles y cultivos y robo de cosechas.Yesh Din asegura que solo el 1,9% de las denuncias palestinas acaba en condena de los perpetradores. Varias oegenés alertan del alto grado de impunidad de las fuerzas de seguridad israelís, cuyos miembros casi nunca son procesados aunque haya pruebas de que dispararon a un palestino sin justificación. Los palestinos que lanzan piedras en protesta contra las fuerzas israelís, en cambio, se enfrentan a duras condenas. En Israel –donde se aplica la ley civil, a diferencia de Cisjordania, donde rige la ley militar–, la Kneset dio luz verde a las sentencias a 20 años de cárcel por tirar piedras.

En Cisjordania, los palestinos son juzgados en tribunales castrenses, en procesos que según las oenegés no cumplen con los estándares internacionales de juicios justos. Los arrestados denuncian malos tratos, amenazas y torturas en los interrogatorios. Entre los que sufren estas medidas hay menores, algunos detenidos con 12 años.

A mediados del 2016, según datos de B’Tselem, 319 menores estaban encerrados en cárceles israelís como “presos de seguridad”, 10 de ellos bajo detención administrativa (sin cargos ni juicio y prorrogable indefinidamente).

En Cisjordania, los niños palestinos cumplen penas de cárcel a partir de los 14 años. Y desde el 2015, en Israel los adolescentes también pueden ser encarcelados a esa edad por “actos de terrorismo”. El objetivo son los palestinos de Jerusalén este.

Desde el inicio de la ocupación, casi 800.000 palestinos han pasado por cárceles de Israel

Desde que empezó la ocupación, casi 800.000 palestinos (aproximadamente el 20% de la población), según la oenegé palestina Addameer, han pasado por las prisiones de Israel. Actualmente, hay unos 6.300 encarcelados.

Entre los civiles que han estado en prisión se encuentra el actor y cineasta Ramzi Maqdisi, nacido en Jerusalén hace 36 años. “Todo lo que pienso está relacionado con la ocupación, no tengo valores como las personas normales, como mis amigos europeos. Siempre pienso en contar historias de Palestina, echo de menos hacer una no vinculada al sufrimiento de vivir bajo ocupación”, dice Maqdisi.

Israel restringe la libertad de movimientos de los palestinos y eso afecta a todas las facetas de la vida. La cultura no es una excepción. Una obra con actores de Cisjordania no puede llevarse sin permiso israelí a Jerusalén este, donde la policía sigue suspendiendo espectáculos.

“La ocupación corta y limita nuestra identidad, separa a unos palestinos de otros, bajo un régimen de ‘apartheid’. No puedo ir a Gaza a presentar una película a mi gente”, subraya Maqdisi.

Su carnet de identidad es de residente en Jerusalén este, que los israelís consideran suyo. Con este estatus puede moverse por Israel y Cisjordania sin permiso, pero no entrar en Gaza.

PÉRDIDA DE LA RESIDENCIA

“A los palestinos de Jerusalén, Israel nos puede despojar de la residencia cuando quiera. Me siento privada de mi identidad nacional. Soy como una extranjera, no una ciudadana con derechos”, lamenta Nora Kurt, nacida en 1954 y que gestiona el Centro Cultural Wujoud en el barrio cristiano de la ciudad vieja de Jerusalén.

Los jerosolimitanos palestinos pueden perder su residencia si están en el extranjero más de siete años, según la ley. A los tres años de residir fuera tienen que regersar a Jerusalén para renovar su permiso de salida. Desde 1967, Israel ha retirado la residencia en Jerusalén a al menos 14.000 palestinos. Los de Cisjordania y Gaza necesitan permiso para entrar en Jerusalén este y en territorio israelí. Hay más de cien tipos de autorizaciones, entre ellas de trabajo y médicas.

“Hay palestinos de 30 años que no saben lo que es ser libre”, afirma el activista israelí Yehuda Shaul

Unos 70.000 palestinos de Cisjordania, según la Coordinación de las Actividades del Gobierno (israelí) en los Territorios (COGAT), trabajan en Israel con permiso y unos miles lo hacen de forma ilegal. Estos últimos cruzan a Israel franqueando de diversas maneras el muro que los israelís levantaron en este territorio, que confisca tierras y divide poblaciones.

Miles de palestinos reciben permisos para que los atiendan en hospitales en Israel –gastos pagados por la ANP– porque en Cisjordania y Gaza no hay tratamiento para sus enfermedades. A veces, porque Israel impide que llegue el material necesario. El ministerio de Sanidad de la ANP asegura que en el 2016 Israel rechazó la mitad de los permisos para enfermos de Gaza.

“La ocupación es una realidad donde millones de personas están despojadas de derechos y dignidad”, opina Yehuda Shaul, de 34 años y fundador de la oenegé israelí Rompiendo el Silencio. “Hay palestinos de mi edad que ni siquiera entienden lo que significa ser libre, que nunca han visto el mar. ¡Es demencial!”.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/historia-apartheid-6080103

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