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Pepe Viyuela: “No utilizo mi imagen para anunciar coches, pero sí para publicitar causas justas”

Noticia de ´cuartopoder.es´.

29/4/15.  El actor participará en el XII Fisahara.

Pepe Viyuela (Logroño, 1963) viaja hoy a los campamentos de refugiados para participar en la XII edición del Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara), donde actuará ante el público infantil con los Pallasos en Rebeldía, colectivo con quien ya viajó a Palestina hace unos meses, durante el Festiclown. Este polifacético actor de cine, teatro y televisión, además de payaso, atiende a cuartopoder.es en una terraza del madrileño barrio de Lavapiés. Inconformista y crítico, no concibe la vida sin tomar partido en ella.

Va a visitar los campamentos de población refugiada saharaui durante el FiSahara. ¿Qué le lleva a participar en este festival?

— Me lleva, fundamentalmente, la curiosidad. Quiero conocer de cerca la situación de la gente que vive en los campamentos. Además, una iniciativa como esta, que combina el aspecto cultural con el social y el político, me parece imprescindible. La mejor manera de tener un juicio sobre las cosas es vivirlas, verlas, y quiero conocer aquella realidad.

¿Qué postura considera que debe tomar el Estado español con respecto al conflicto del Sáhara?

— Desde luego, lo más alejado posible de lo que está haciendo ahora, que es una inhibición absoluta. Es un problema que le enfrenta directamente con Marruecos y entonces le tiene miedo. Creo que tenemos una deuda histórica con ese pueblo, que vive en lo que hasta hace relativamente poco era una provincia española y que tenía un carnet de identidad español. Porque un tema sea espinoso no podemos dejar de tomar partido. Se hizo muy mal la descolonización, sólo fue una huida. El Estado español debería actuar como intermediario, pero con valentía. Hemos dejado solo a un pueblo entero y eso es un crimen. Como españoles tenemos una deuda, los ciudadanos también, y una parte de españoles están reparando esto mediante acogidas, asociaciones… La sociedad civil está volcada en este tema, al contrario que los gobiernos. Habría que ponerse más en el lado del débil.

Hace unos meses también viajó a Palestina, con el Festiclown. ¿Qué sentimiento o imagen se trajo de aquella experiencia?

— Lamentablemente me traje una impresión negativa y me gustaría decir lo contrario. He viajado allí tres veces y esta última he venido muy desanimado porque, a pesar de alguna noticia positiva como el apoyo del Estado francés al palestino, ellos están muy desanimados, se sienten abandonados. En esta situación de abandono es muy difícil que la población siga apostando por una solución pacífica. Todos los que quieren que aquello no tenga solución están muy contentos con que haya cada vez más violentos. Parece que queremos empujar a los oprimidos a que se defiendan violentamente. Si cerramos todos los oídos, les cerramos las puertas de la negociación y desde los organismos internacionales no se les da voz ni se les escucha, y no se hacen respetar sus derechos y libertades, todo se acaba traduciendo en una situación más conflictiva y menos proclive al diálogo. Por parte del Estado de Israel hay una cerrazón clara y por parte del pueblo palestino cada vez hay menos confianza en que el diálogo sirva para algo, lo cual es muy peligroso. Después de lo que ocurrió en Gaza este verano y la falta de respuesta internacional, permitiéndole a Israel todo… no hay confianza. Los palestinos tienen muchas ganas de resistir, pero no hay alegría, no hay esperanza… Ya no.

Tanto al FiSahara como al Festiclown va a actuar con los Pallasos en Rebeldía. ¿Qué importancia tiene la risa para estos pueblos olvidados?

— Yo, es lo que sé hacer. Si fuera médico, iría en calidad de médico. Soy payaso. Intento aportar mi granito de arena para que, por lo menos, haya un cierto aliento en los pocos sitios a los que voy. Que vean que hay ciudadanos que siguen sabiendo que existen, que siguen yendo a verles, es muy importante. La risa es una herramienta muy valiosa y útil. Si en medio de un conflicto alguien siente que puede reír todavía, más allá del momento puntual de la risa, se produce una mirada hacia adelante, todavía hay ánimo y capacidad de levantarse. La risa es un síntoma de esperanza y es una herramienta para enfrentarse a los conflictos y para relacionarse muy eficaz. Además de trabajar con Pallasos en Rebeldía, he trabajado con Payasos sin Fronteras, y cada vez que vivo esa experiencia siento que estoy haciendo algo importante. La risa en nuestro entorno es un artículo de lujo, uno paga por reírse, pero allí es una forma de supervivencia. Cuando ves que todo se acaba, reír y ver reír es un punto de apoyo.

Tortell Poltrona, fundador de Payasos sin Fronteras, en uno de sus viajes a Bosnia, en la guerra de Yugoslavia, se encontró con una niña que le dijo que ya le había visto actuar más veces. Al final de la actuación, le dio las gracias y le dijo que ya había estado en una actuación suya años antes, que desde entonces no le había vuelto a ver, pero que todavía conservaba su regalo. Tortell le preguntó cuál era ese regalo, porque nosotros nunca damos nada material. La niña abrió la mano y tenía confeti que él había tirado años atrás. La certeza que me surge es que durante todos esos años, esa niña había guardado la imagen de un adulto que no empuñaba armas. Hay un proyecto de ser humano lejos de la violencia, el conflicto y la represión. Hay un proyecto de ser humano aparentemente absurdo, que se pinta la cara, pero hace reír. Si hay un solo niño que prefiere de mayor no ser terrorista y ser payaso, hemos cambiado muchísimo. Es muy fácil preguntar: ¿Qué hace un payaso en una guerra? Para mí la pregunta es otra: ¿Qué hacen tantos soldados jodiéndonos la vida? La imagen del payaso rompe esquemas en los lugares en conflictos. Es un apostolado de un ser humano distinto, loco, pero que no es violento ni pega tiros. Hacer el payaso en una escuela donde se ven los tiros en las paredes, es increíble.

Hay gente que critica que una persona conocida utilice su imagen pública para apoyar causas justas…

— Creo que nadie que tenga un poco de decencia debería ser tan mezquino como para decir eso. Primero, porque quién puede negar que la gente que vive en el Sáhara lo está pasando mal. Entonces, ¿tenemos que estar callados? Además, yo intento no aprovecharme, no hago esto para encontrar trabajo. Una cosa es el trabajo y otra la vocación. Mi imagen pública la utilizo para apoyar causas justas. Yo también me la juego, porque puede ser que haya gente que diga: “Este tío es un rojo, no voy a verle”. Me parece bien que a otros les parezca mal, pero yo no voy a dejar de hacerlo. Para mí, ser conocido, tiene todo el sentido para ser portavoz de causas justas como es apoyar a este pueblo olvidado en el desierto. Hago lo que me da la gana. Al que no le guste, que sople. Yo no hago publicidad, no utilizo mi imagen pública para anunciar un coche o un detergente, sin embargo, la utilizo para apoyar causas justas. Me parece bien que cada uno utilice su imagen para vender lo que considere. Yo vendo estas cosas.

Este año repite en la lista de Izquierda Independiente para las elecciones municipales en San Sebastián de los Reyes…

— Es un partido de carácter local y está lleno de gente que admiro, en el mejor sentido de la palabra, por sus hechos. Han gobernado, han tenido la alcaldía y concejalías muy importantes, y lo han hecho muy bien. Yo no milito en ese partido, tuve debates con Ángel Requena, el único alcalde que han tenido, porque no estaba de acuerdo con cosas, pero respetando su honradez, pues era un político que no hacía carrera de la política. En las elecciones pasadas, se veía venir ‘la ola azul’ y me propusieron que les apoyara. Yo no me dedico a la política activa ni quiero, no quiero ser concejal, pero si mi visibilidad ayuda a que la lista tenga mayor repercusión, pues participo. No sólo tengo derecho, sino que creo que tengo la obligación de posicionarme. La única condición que pongo es que vaya en un puesto en el que no vaya a salir elegido, porque no quiero ser concejal, y no podría irme si entro como concejal, porque sería un fraude, un engaño. Yo visibilizo, para que la gente lea el programa de esta gente honrada. Estoy muy contento de las candidaturas de Gabilondo y García Montero, porque no son personas con vocación de cargo pero han visto que es necesario. Gabilondo fue profesor mío en la universidad. La política tiene que ser un lugar de paso, esa profesionalización de la política luego conlleva a la corrupción. Este año, creo que la izquierda va a ganar en San Sebastián de los Reyes. Espero que en mi pueblo se viva lo que quiero que en otros lugares también pase, que la izquierda se entienda. Creo que este año van a cambiar muchas cosas.

La televisión ha llevado su rostro a miles de hogares, pero también tiene una larga trayectoria actoral en cine y en teatro. ¿Cuál de estos tres medios es su preferido?

— El teatro, sin duda, no tiene comparación. El teatro es la madre de todo lo demás, y no ha muerto con la aparición del cine y la televisión. A nadie se le ocurre que el teatro pueda morir, algo tan artesanal, manual y primitivo… Y luego, como experiencia personal, lo que he vivido en el teatro, no lo he vivido en otro medio. Ese contacto directo con el público y la posibilidad de cambiar la función con el paso del tiempo y de vivir una función nueva cada día no son posibles en el cine. El teatro está en movimiento, no se enlata. Yo tengo un espectáculo desde hace 40 años como payaso, se sigue llamando igual, pero no es el mismo. De la misma manera que yo me llamo igual que cuando tenía 20 años, pero hoy no soy el mismo.

Dicen que en España, y concretamente en Madrid, se está haciendo muy buen teatro. ¿Cuál es su visión de la situación teatral actual?

— Creo que es la prueba clara de que por muy difíciles que estén las cosas el teatro siempre reverdece. De la misma manera que crece hierba entre los adoquines, cuando hay tantos adoquines que nos gobiernan y se empeñan en estrangular al teatro, surge mucho talento. Hay un carácter inmortal del teatro, eso me anima. Son malos tiempos para vivir del teatro, pero no para leer y ver teatro. Todavía nuestros hijos quieren seguir siendo actores y eso es muy esperanzador. Tanto por mi generación, como por generaciones que vienen empujando, le auguro un futuro brillante al teatro.

¿Le queda algún deseo por cumplir profesionalmente, algún director con el que trabaja, algún personaje de alguna obra teatral que interpretar?

— Hay un director con el que me apetece muchísimo trabajar, Alfredo Sanzol. Es un sueño que creo que se va a cumplir. Y luego, lo que no quiero es dormirme. Hay mucha gente joven, muchos nuevos escritores, de los que leo cosas y me quedo maravillado. Desde mi lugar de pequeño productor, poder producir cosas de teatro de autores emergentes me encantaría. Ese es el sueño, seguir haciendo camino. Lejos de trabajar en compañías grandes, mi sueño es formar una compañía, tener mi propio sitio, como mi huerto en el que cultivar nuestras pequeñas funciones. La independencia creativa, el seguir haciendo cosas que me apetecen de verdad. Este es mi sueño, crear un lugar para hacer teatro, nuestras propias producciones. No sueño con Hollywood, sino con seguir haciendo teatro.

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